Hoy me desperté con la siguiente pregunta: Por qué la gente es tan ingenua para creer en tantos engaños?.
Para poder descifrar esta complicada pregunta, tenía que convertirme en un estafador profesional.
“Voy a fundar una iglesia cristiana”, no no, eso ya es muy competido, tengo que hacer algo nuevo, algo que nadie haya hecho. Oh claro, que inteligente soy, voy a crear una secta secreta basada en la guerra de las galaxias y los teletubbies. Voy a decir que llegaron unos extraterrestres de una galaxia lejana llamada Zenú y violaron a unos primates genéticamente incompatibles y nacieron híbridos (primates inteligentes). Cuando los Zenuitas se dieron cuenta que tenían que responder por sus hijos trataron de matarlos, pero llego la policía intergaláctica compuesta por soldados de Tubbie Dragonis y protegió a estos niños, niños que después poblaron la Tierra y ahora se conocen como Humanos. Ahora se libra una batalla entre Zenuitas y Tubbiedragonianos por el control del planeta y, quienes sepamos el secreto, podremos viajar a Venus y vivir junto a la antigua civilización Maya, pues ellos conocían este oscuro secreto. Se llamará la Tubbielogía.
Meses después de crear mi religión me dí cuenta que nadie quería creer, decidí dejar esto a un lado y seguir con mi vida, después de todo la gente no era tan estúpida como creí. Pero en ese momento recibí una llamada de un hombre misterioso, con voz de anciano agonizante, me preguntó si podía continuar con mi gran culto, pues él había soñado lo mismo que yo. Sin pensarlo y con una sonrisa le concedí el permiso. En cuestión de 60 días esta iglesia ya tenía más seguidores que el mismo Budismo en Colombia, las condiciones para hacer parte del grupo de afortunados que viajarían al planeta azul (sí, al más azul de todos), eran muy simples, sólo debían pagar cienmil pesos y les regalaban una camiseta con la imagen de un soldado Tubbiedragoniano.
Al ver esta atrocidad me sentí obligado a contar la verdad, me dirigí a la multitud y les dije: “amigos míos, no crean en este hombre, es un estafador, yo fuí el que creó esta religión para hacer un experimento, no le entreguen su dinero a este idiota...” Nunca debí decir eso, todos los adeptos salieron a perseguirme, tres me alcanzaron y me golpearon hasta mandarme al hospital, ahora tengo tres costillas rotas y un riñón inservible.
Después de todo esto entendí que a la gente le gusta vivir entre mentiras, no puede aceptar que no somos más que un animal como cualquier otro, aún quieren pensar que somos figurillas de barro divinamente sopladas, que venimos del espacio, que ya fuimos a la luna o que somos esclavos de una raza superior.
Amigos es hora de despertar, no somos gran cosa.