Tras el cierre de la Plaza de Toros de Santa María, como escenario taurino, se generó una enérgica porfía, usada por algunos para sacar a la luz ciertos conflictos personales y con esto me refiero, específicamente, al Dr. Orlando Parada, Concejal de Bogotá del partido de la U, un hombre que, aparentemente, cambia de criterio cual veleta, según las circunstancias, pues en el mes de enero de este año, expresó por algunos medios públicos su interés de excluir completamente el espectáculo taurino en el Distrito Capital, como podemos ver, en su canal de You Tube /user/OrlandoConcejal, las declaraciones que la comunidad antitaurina aplaudió y compartió con orgullo.
El día 15 de Junio, el Dr. Parada en su columna del diario El Espectador, titulada “El toro no justifica los medios”http://www.elespectador.com/opinion/columna-353483-el-toro-no-justifica-los-medios, rechaza completamente la decisión de la administración distrital, de eliminar las corridas de toros y arremete directamente contra el alcalde por su “violencia administrativa”; según este hombre, una de sus premisas es “nunca vulnerar el derecho de los actores taurinos, en su condición minoritaria”.
Apartándonos de la dualidad de juicio de nuestro Concejal, es importante resaltar que, cuando la vida está siendo vulnerada, la mayoría de la población está reclamando y exigiendo un derecho y se está combatiendo un mal ejemplo para la niñez y la juventud. Tomar medidas drásticas por medio de la legalidad y la normativa, está por encima de cualquier canon de procedimiento. Si dentro de seis meses, se torturara y se asesinara a más de 25 animales, no se podría utilizar una política de procedimiento que tarde siete meses o más.
Nuestra insistencia y apoyo para cerrar la plaza como escenario taurino, tanto en Bogotá, como en el resto del país y del mundo (aparte del maltrato animal, lo cual es lo más importante), se basa en tres principios: democracia, ética y educación.
La democracia es la participación del pueblo en el gobierno, la comunidad taurina pide ser respetada como minoría cultural, lo cual es inaceptable, las minorías deben ser respetadas, mientras cumplan con la ética y no perturben los derechos de los demás, de lo contrario las FARC, Las Bacrim, el ELN, los Paras, entre otros, podrían seguir cometiendo sus actos delictivos, inmorales y carniceros bajo “esta reforma” a la democracia por parte de los amantes de la sangre en la arena. Como dijo Abraham Lincon, “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”.
La ética se basa en la moral de la sociedad, para los musulmanes es aceptable, moral y ético practicar la Infibulación, pero en nuestro continente tenemos una cultura de igualdad de derechos y respeto mutuo, por lo tanto, si alguna de estas minorías intenta institucionalizar estas prácticas, inmediatamente, la sociedad rechazará estos actos. Mientras un evento “minoritario” se base en el respeto, lo aceptaremos, pero nunca permitiremos la inclusión de rituales de sangre, violentos, ni satánicos (San Pío V – 1504-1572).
La educación de las generaciones jóvenes y venideras se debe fundamentar en el amor por la vida, cuando un infante es llevado a presenciar y a glorificar la muerte de un animal, mientras se le inculca el respeto por otras especies, forjará una disociación psicológica, donde no sabrá a quien respetar y a quien maltratar. La mayoría de asesinos seriales y abusadores de mujeres y de niños, han comenzado con el vejamen hacía los animales.
Después de todo, la vida sí justifica los medios.